Pasión por el jamón
Nací en Suiza, pero fue en España donde entendí lo que significa
el jamón. Viví allí mis primeros nueve años y, cada Navidad en
Logroño, el ritual se repetía sin remedio. Mi familia y yo
arrasábamos el jamón de mis primos, con un final poco digno para
la pieza. Ellos lo resumían con humor, “ya han venido los
suizos”. Y no les faltaba razón.
Hasta que un día decidí que aquello tenía que cambiar.
Decidí aprender de verdad. Todo empezó pidiendo una pata por
Reyes. Después me apunté a una formación, y a otra, y más tarde
di el salto a la práctica real. Primero empecé cortando gratis
en un bar, luego en un restaurante y después en eventos. Siempre
con un objetivo claro, convertirme en cortador de jamón y sacar
el máximo partido a cada pieza, entendiendo el jamón como un
producto noble, exigente y lleno de matices.
Hoy corto una media de tres jamones por semana, doy clases y
realizo encargos personalizados. He tenido el privilegio de
llevar este oficio a espacios exclusivos como el palco del FC
Barcelona y a eventos internacionales como la America’s Cup. Un
recorrido construido con criterio, constancia y una obsesión
clara por hacer las cosas bien y mejorar en cada servicio.
Porque el jamón no se corta para llenar platos. Se corta para
contar una historia.